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Low Cost, High Quality Series #3: Privacidad viral

Foto: Noemí Elías

por Javier Moral.

El pasado martes 15 de julio los Venga Monjas actuaron en el espacio cultural Matadero de Madrid bajo el marco del Festival Fringe 2014. La naturaleza de los cómicos casaba con la de un evento que se define como “el más arriesgado de las artes escénicas y la música” aunque, como era lógico, alguien cuyo trabajo solo tiene sentido en diferido no podía ofrecer una actuación en directo.

No nos liemos: Esteban y Xavi estaban allí, sí, yo les vi; pero no recitaron monólogos, ni ofrecieron ninguna performance ensayada, ni nada que se le pudiera parecer. Simplemente se encomendaron al canal y al formato que les vio nacer y les hizo crecer, el vídeo doméstico de Youtube a costa de un tercero; así, la vieja chupa bananas, el bebé reguetonero  o “el niño italiano” conmemoraban su transición de receptores a emisores desnudando la tramoya de su éxito.

Porque el mecanismo del humor de Venga Monjas se ancla en la cultura que han mamado a sus miembros, la del audiovisual de procedencia desconocida, placer efímero y alimentación viral. Bajo estas premisas, el dúo ha logrado que sus chorradas privadas hayan cumplido ocho años compartidas en la red. Ha llovido mucho desde aquellos “Pantalones de comunión” y “Llamadme Claudia”, los primeros vídeos con su mejor compinche, Miguel Noguera (con quien también realizarían su primera producción formal, la miniserie Galactic Gym, para Adult Swim Made in Spain) hasta las últimas imágenes de Da Suisa (parodia en serie improvisada de Los Simpson) o de su primera película, el cachondo noir Detective Deketto. Entre medias, incluso un capítulo sobre la influencia del Saturday Night Live en la Nueva Comedia Americana (con el impertérrito Bill Murray como protagonista), por encargo de Jordi Costa, el crítico que consintió su licencia de posthumoristas.

Y no es que los hipsters se traguen cualquier señuelo contracultural (que también). Partiendo del chiste demasiado íntimo con una base infantil y/o escatológica y la nulidad interpretativa, el gancho de Venga Monjas se mueve en torno a la marcianada como insignia de una labor tan cinéfaga como opuesta al lenguaje tradicional del audiovisual y a un modelo de producción cuantitativo más que cualitativo. Su gran aceptación se podría explicar disociando de los vídeos el espontáneo neologismo zafio y ocurrente, la libertad creativa que permite trabajar para un canal de exhibición propio que cuenta con avales y nexos de lo más granado del sector (cameos-tendencia en Internet) y la casa paterna como marca registrada en tiempos de crisis. Y aunque ellos mismos reconocen la vergüenza que les causa ver lo mal que han envejecido algunos de estos sketches, nunca necesitaron ser realmente graciosos. Probaron y les salió. Sin una meta concreta, adaptaron el sentido, la forma y el consumo del humor a las pautas pedagógicas del nuevo siglo. Y ojo, que prometen cine. Del de verdad.

Si las cosas van bien, hay que celebrarlo. Por eso, tras una fiestaca repletita de modernos entregados y groupies calentorras, Cameo lanzó Venga Monjas Directed By…, un DVD que recoge las colaboraciones del dúo catalán con algunos de los más cáusticos representantes del humor alternativo y el cine low cost español. Colaboraciones o injerencias descaradas, porque trabajar hoy con ellos supone una agradecida promoción en las redes sociales (además, it’s free). El impagable extra “Reunión de genios” así lo ilustra: Xavi y Esteban juntan a los directores de todos los cortos (por llamarlos de alguna forma) del disco para que aporten ideas a su nuevo proyecto, la organización de unos Juegos Olímpicos de Invierno. El debate que se desarrolla a continuación denota un interés inaudito de todos los presentes: a pesar del delirio dominante, no se puede obviar que la distancia no ha impedido que Ernesto Sevilla se comunique a través de un manos libres, que Carlos Vermut parezca dejar a medias una sesión de sexo o que incluso Isaki Lacuesta, circunspección premiada con Concha de Oro en San Sebastián en 2011, se rinda a la verborrea coñera.

Porque, al margen de una puesta en escena poco ducha, la intención es muchas veces lo único que cuenta para Venga Monjas, algo que recoge otro jugoso extra, el de los audiocomentarios. En el suyo, Carlo Padial reconoce que la chorrada es el exclusivo motor de su presteza colaborativa, aportando otro dato curioso: ninguno de los trabajos recopilados ofrece una imagen positiva de los quehaceres de este par de zánganos. Sin embargo, el revelador orden del menú del DVD, permite trazar el presunto timeline del éxito vengamonjiano. Los cuatro primeros vídeos escenifican la plausibilidad del auge presente: Don Pepe Popi  (Carlos Vermut) alude a la estupefacción ante el primer contacto; Tres Tristes Triples (Isaki Lacuesta) marca la capacitación reconocida; Stracomb Tope de Fuerte (Néstor F.) habla de su alcance superheroico; y La Ferguson Party (Carlo Padial) habla del exceso y la paranoia inherente a las estrellas. Por su parte, los tres últimos teorizan sobre un intenso final: Aniversario (Marc Crehuet) abre la brecha de intereses en el grupo; Amour (Ernesto Sevilla) instala en la rutina el maleficio de la divergencia; por último, Smoker Phone (Miguel Noguera) se atreve a especular sobre una doble e incierta muerte.

Todavía por definir, por las inesperadas circunstancias y los flamantes representantes que Internet dispone día a día, el posthumor oscila sobre la línea que separa la guasa inteligente del “todo vale”. Por eso los Venga Monjas miran con recelo a aquel que les adjudique tal etiqueta, aunque gustan de presumir de los halagos que les brindan prensa y fans. Soy de la creencia de que la fama, a cierto nivel, corrompe el juicio de una manera que el común de los anónimos no podemos imaginar. Aunque apostados en la fase del “me suenas pero ahora no te ubico”, estos dos ya lo traían jodido de casa (de sus padres).

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