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El test Bedchel: dos mujeres hablando entre ellas y no de un hombre

por Nuria Perea.

Antes de indagar, desmembrar y observar con ínfulas cualquier obra desde la perspectiva del género tenemos que tener clara una definición, la de feminista. Quizá sea nítida para todos, pero en una sociedad en la que el termino feminazi, (¿de verdad somos conscientes de lo que hacían y decían los nazis?) se usa con tanta soltura, sólo esta pequeña aclaración nos va a ahorrar un montón de discusiones contra la pared. Para ello no se me ocurre mejor idea que recurrir a la escritora nigeriana, o como ella misma se define con mucho sentido del humor, a la “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres” Chimamanda Ngozi Adichi.

Chimana describe en su ensayo, y posteriormente charla TEDX, “We should all be feminists” a la feminista como  un hombre o una mujer que dice, hay un problema con el género hoy en día y debemos hacer algo. Así de claro, sin matices de teorías de primera, segunda o tercera ola. Sin decidir quién es más o menos feminista o si la sexualización, la transexualidad o la gestación subrogada nos hacen más o menos defensores del igualitarismo o convierten o no a la mujer en víctima. Con el término claro, no creo que haya nadie en desacuerdo, nadie que pueda confundir feminismo con hembrismo, el verdadero antónimo del machismo, y nadie que, desde luego, vaya a entrar en el círculo con miedo y si con la ligereza de una pluma y la rigidez de una tabla. Así es como debemos observar a la sociedad, con flexible capacidad de análisis y la dureza de la autocrítica. Escojamos la pastilla roja.

Puede que aún haya algún descreído, alguien para quien esta desigualdad sea cosa del siglo pasado, muy bien, podemos recurrir a las cifras. En 2015 de todas las películas producidas en España tan sólo el 8% estaba dirigida por mujeres. Durante las 85 ediciones de los Oscar, cuatro mujeres han sido nominadas a Mejor Dirección y tan solo una de ellas, Kathryn Bigelowi fue ganadora. ¿Un poco más concienciados? ¿No? Ok, echemos mano de las lesbianas: ¡cuando no están enfadadas, pueden ser muy creativas! ¿Y quién va a querer más a una mujer que una mujer que quiere a las mujeres?

En 1985, Alison Bechtel, dibujante de cómics queer y activista política, introdujo en una de sus historietas más famosas “Unas bollos de cuidado”, el Test Bechdel: una prueba que realizaba uno de sus personajes a todas las películas antes de verlas para definir si una obra era o no machista. Aquí las tres normas:

1.- En la película deben aparecer al menos dos mujeres.

2.- En algún momento deben hablar entre ellas.

3.- De algo que no sean los hombres.

Con sólo estos tres puntos podemos analizar la manera en que el patriarcado ve y comunica el mundo, desde el punto de vista androcentrista. Pongámoslo en práctica, olvidemos las películas Disney, ni siquiera ‘Toy Story‘ o ‘Mulán‘ (snif), o las comedias románticas y  vayamos a algo más complicado. La ganadora del Oscar de este año, ‘Spotlight‘, menuda denuncia social…pobre Regina George. Vale, ¿y una peli con heroína? ‘Star Wars‘, tampoco pasamos del primer punto aunque como pasa con Rey, Leia sea una mujer fuerte e independiente está sola. Por no hablar de la dulce damisela de Padme Amidala, enferma de amor. Y una que sí: ‘ShowGirls‘, Nomi Malone aprueba con nota y nos enseña lo luchadora que puede ser una chica de provincias cuando tiene un objetivo claro. Haced la prueba con vuestros referentes y dadle una fuerte palmada en la espalda a la realidad.

Obviamente, como pasó en la última ceremonia de os Oscars con la denuncia del racismo existente en Hollywood a través de #oscarssowhite no estamos ante un problema de la industria. Estamos ante un problema de la sociedad que se refleja en el cine y la generación de contenidos como a cualquier otro sector. Pero gracias a herramientas como el Test Bechel y si asumimos la decisión de abrir los ojos podremos ser parte de la solución y consumidores responsables permitiéndonos, claro, unos cuantos guilty pleasures.

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  • craselrau

    Hola,
    El test de Bechdel es un poco insuficiente, porque, si por ejemplo nos cernimos a una explicación tan simple Cenicienta cumple esas tres normas hasta el último tercio de la película y posiblemente no haya nada más machista. Hay más de dos mujeres (4), hablan entre ellas (casi dos tercios de película) y no es de hombres (sino de amargarse la vida abundando en estereotipos de género, pero hasta el baile no hablan de hombres)
    En todo caso, si que creo que al menos dos mujeres en una película y que no centren sus conversaciones en hombres es un mínimo como norma general de lo que no debe ser una peli feminista… pero entonces Zero Dark Thirty, donde la otra mujer que pasa lo hace circunstancialmente, no sería feminista.. y sin embargo creo que el hecho de que el confilicto recaiga en una mujer que se aleja del estereotipo de género es algo bastante feminista…
    ¿Es un principio el test? Si. ¿Es un buen baremo? No, el análisis del discurso
    es algo mucho más complejo que tres cuestiones que se responden con un
    si o un no.
    Por último (y entrando al trapo) debo señalar que no solo hay dos mujeres en la nueva trilogía de Star Wars sino que además hablan de cosas que no son hombres (de hecho en como atacar una estación de combate y reequilibrar la fuerza).

    • Nuria Perea

      ¡Holi, Craselrau!

      Estamos totalmente de acuerdo, el test es solo un inicio y un primer análisis de conciencia, más para lo propio. Y sobre todo una apertura de ojos.

      Sobre “Star Wars” el “análisis” es de las 6 primeras pelis. De hecho Leia era bastante power, como lo eran los hippies de la época mientras que Padme es solo el reflejo de la mujer en la sociedad Bush. Rey lo es TODO (“¿Por qué me coges de la mano?”).

      🙂