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Mustang: ser mujer en el patriarcado

por Cristina Penín.

El pasado día 8 de marzo se celebró el día internacional de la mujer trabajadora. Lejos de promociones en tiendas, felicitaciones en redes sociales y la eterna pregunta ¿para cuándo un día del hombre trabajador?, este día debería ser un homenaje a todas aquellas mujeres que murieron y sufrieron por lograr la igualdad. También debe ser un día de reflexión acerca de todo lo que queda por conseguir. Pero sobretodo debería ser un día de acción, donde toda la humanidad  (no sólo la mitad) debe preguntarse qué hacemos para lograr un cambio real.

Con estas reflexiones aún frescas quiero hablar de la película ‘Mustang (2015)’ de la directora turca, nacionalizada francesa, Deniz Gamze Ergüven. Creo que esta película es muy adecuada para reflexionar sobre la situación de la mujer en el mundo. Curiosamente, veremos que lo que pasa a miles de kilómetros no es muy diferente de lo que ocurre en nuestra sociedad occidental, supuestamente más avanzada.

‘Mustang’ nos habla de lo difícil que es ser mujer en un país como Turquía. Muchos países de mayoría musulmana son como éste, países que avanzan aparentemente a dos velocidades. Algunos de ellos han vivido épocas mejores recientemente, se estaba produciendo un aperturismo que en ocasiones les igualaba a nuestras sociedades. Pero las crisis económicas y políticas han producido un retorno del radicalismo religioso perdiéndose los avances que iban surgiendo poco a poco, esto sobretodo afecta al tema de la igualdad entre sexos.

Así, observamos en la película una sociedad dividida en cuanto al lugar que la mujer ocupa en la sociedad. Nuestras protagonistas, 5 hermanas en plena adolescencia, han podido recibir una educación y tener cierto contacto con un mundo aperturista (representado por la profesora, una mujer trabajadora) que se contrapone con el más férreo conservadurismo encarnado en su tío, su abuela y la comunidad de vecinas cotillas de su alrededor. Será un juego inocente en la playa con unos compañeros de clase, unido al hecho de que ya son ‘adultas’ (léase tienen un cuerpo desarrollado = cuerpo pecaminoso) lo que provocará la urgencia de su entorno por casarlas a través de matrimonios concertados.

Lo mejor de la película es que nos enseña los mecanismos que utiliza el patriarcado para mantener el poder en manos de la mitad masculina de la población. El patriarcado es una estructura social, que se sustenta en el machismo o la creencia de que los hombres son mejores que las mujeres. Paradójicamente, para que el machismo funcione la mujer tiene que asumir también esta forma de pensar, pero ¿qué mujer aceptaría tal cosa? Aquí entra en juego el que creo que es el mecanismo psicológico por excelencia para perpetuar este sistema, un chantaje social que hace que la mujer tenga que decidir entre ser objeto deseado o sujeto rechazado.

Vemos en este largometraje como la abuela, las vecinas, las madres de los pretendientes… son las primeras guardianas de la estructura patriarcal ¿por qué lo hacen? Porque desde la sociedad se les ha convencido que para ser una mujer ‘querida’, deben cumplir ciertos requisitos. TODO lo que queda por fuera de esos requisitos, se rechaza. Es precisamente ahí donde nuestras sociedades se parecen, porque aunque en occidente se den otros mensajes, se sigue diciendo cómo debe ser una mujer para ser valiosa. No importa si el deseo se pone en que sea casta o en que sea una fiera en la cama, en llevar pañuelo o minifalda. Lo curioso es que el valor de la mujer siempre se pone en que debe ser querida y aceptada por otros, no en sus acciones.

Así, nuestras cinco hermanas se encuentran frente a la decisión que toda mujer en este mundo, independientemente de dónde haya nacido, tiene que tomar: ser un objeto deseable para lo cuál tendrá que estar pendiente de satisfacer las necesidades de los demás a costa de las suyas propias, o ser un sujeto que reclame y defienda su propio deseo y ser rechazada por ello. No es una opción fácil, esto  puede suponer alejarse de la familia, de las amistades, ser excluida o señalada por gran parte de la sociedad. En estas 5 hermanas vemos 5 maneras diferentes de lidiar con este conflicto. A veces el equilibrio es imposible, la situación es tan desgarradora que sólo puede acabar en tragedia.

Es verdad, muchas mujeres eligen ser un objeto querido en lugar de ser un sujeto rechazado. Lo eligen la abuela y las vecinas de nuestras protagonistas y verdaderamente creen que hacen un favor a estas muchachas. Saben que si no se casan castas y puras, serán rechazadas por una gran parte de la sociedad, incluso pueden ser agredidas. Creen que las protegen de los demás, en el fondo las aíslan de sí mismas.También lo hacemos aquí cuando nos criticamos unas a otras, cuando opinamos sobre las decisiones de otras mujeres, cuando nos sentimos mal por nuestras propias elecciones e intentamos desesperadamente llegar a todo: ser madre, trabajadora, pareja, ir al gimnasio, tener la casa impoluta, hacer manualidades… un auténtico sinsentido. Incluso cuando no nos atrevemos a ser abiertamente feministas porque ahora se nos tacha de feminazis, ¡no queremos que los hombres nos tengan miedo!. Cosa difícil si nos tenemos miedo a nosotras mismas.

La igualdad real no llegará hasta que las mujeres, todas las mujeres, sean las únicas dueñas de sus decisiones sean cuales sean. La igualdad en ningún caso es una amenaza para los hombres, también para ellos es una liberación porque las parejas no serán codependientes, no serán dos objetos que se necesitan sino dos personas que deciden compartir su vida. No habría miedo a ‘que mi mujer se rebele’, porque tanto ella como yo hemos decidido libremente estar juntos. Que las políticas de igualdad vayan dirigidas a todos supone que los hombres también recuperan su derecho a la paternidad, a ser sensibles, a no tener que ser necesariamente el sostén económico. En definitiva, una sociedad igualitaria es una sociedad que otorga libertad a todos sus individuos.

 

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  • rafael

    chingona la peli, y chingón el texto. se escribe mucho sobre feminismo, pero no siempre se comprende.