When you install WPML and add languages, you will find the flags here to change site language.

Díselo con un slasher (recomendaciones terroríficas para San Valentín)

por Javier Quevedo Puchal.

Hay un porcentaje nada desdeñable de la población que detesta las festividades. No me baso en ninguna encuesta para defender tal afirmación, ni falta que hace. Basta con darnos un paseíto por las redes sociales en vísperas de determinadas fiestas para comprobar lo mucho que odiamos la Navidad porque nos recuerda a un ser querido que ya no está con nosotros (como si los demás días del año estuviéramos a salvo de ese recuerdo)… o lo mucho que odiamos San Valentín porque no hace falta dejar para un día estipulado el ser románticos con nuestra pareja (como si el resto del año la despertáramos cada lunes llevando el desayuno a la cama). Supongo que todo esto explica la existencia de películas como Holidays.

Con el 14 de febrero ahí a punto de caramelo, recomendaría a los Grinch de San Valentín que se aseguren de no circular a menos de 50 metros de distancia de una perfumería Druni o de un restaurante Tagliatella. Pero para todo aquel romántico que aún cree en celebrar las fiestas lupercales a su manera pagana, es decir, para ti, qué mejor plan que sorprender a tu pareja con una bonita cena acompañada de una película especial, una de esas que en el futuro podréis mencionar diciendo con orgullo «Es nuestra película». Y para eso estoy yo aquí, para hacer una lista de cinco recomendaciones cinematográficas muy románticas pero nada «pastelosas», de cinco propuestas muy apasionadas pero nada cursis.

Naturalmente, esta lista no va orientada a los fans de Katherine Heigl (si es que tiene algún sentido combinar las palabras «fans» y «Katherine Heigl» dentro de un mismo sintagma nominal). De hecho, ni siquiera va orientada a los fans de Meg Ryan, por mucho que cuente con una filmografía abundante en completas taradas que se obsesionan con sus ex o, en su defecto, con perfectos desconocidos de los que apenas saben nada, más allá de que son viudos y se sienten atraídos por las mujeres que pelan manzanas de una sola tira (anotad, chicas: garantía total para reconocer al hombre de tu vida).

THE LOVED ONES

¿Quién no ha sentido alguna vez el dolor de sentirse rechazado por el chico de sus sueños tras haberle propuesto que sea su pareja en el baile de graduación del insti? ¿Quién no lo ha secuestrado horas antes del baile porque es que no acepta un no por respuesta, y como que me llamo Juani que ese chulazo va a ser mi pareja sí o sí? Pues eso poco más o menos es lo que nos cuenta esta deliciosa producción australiana de 2009. Bueno, en realidad la secuestradora no es Juani, sino su padre. Que da la casualidad de que es uno de esos señores con pinta de calzonazos que llaman «princesa» a su hija y la miran con lubricidad mal disimulada cuando se está probando el vestido de graduación en rosa chicle. Porque no nos engañemos: más que una encantadora historia de amor al uso, The Loved Ones es una encantadora historia de incesto no consumado (o sí consumado, nunca queda claro del todo). Y puesto que el chico secuestrado acaba hecho un auténtico Nazareno, la película no solo se convierte en una propuesta ideal para ver en San Valentín, sino también en Semana Santa. Todo ventajas.

THE HUNGER

Casi cualquier película de vampiros encierra de un modo u otro una historia de amor preciosa. Pero esta que dirigió Tony Scott en 1983 se lleva la palma por su riquísima, madura e inevitablemente poliédrica visión del amor. Me refiero al amor que aún siente una bellísima vampira (Catherine Deneuve) por su moribundo amante (David Bowie), contándonos así con mucha más eficacia y menos pedantería lo mismo que nos contó años después Michael Haneke en Amour. Aunque claro, ¿cuál se llevó la Palma de Oro de Cannes? La del plano fijo de seis horas de un señor persiguiendo una paloma por casa. Pero volviendo a The Hunger, también está el amor joven y nuevo que la vampira protagonista siente por una Susan Sarandon más lesbian chic que nunca. Y cómo no, el amor que siente nuestra vampira por los veinte amantes que con el paso de los siglos ha ido acumulando en el desván, medio momificados. Porque no es por nada, pero ríete tú del poliamor y de Tila Tequila. Eso sí, para quienes esta propuesta se pasa de atrevida, siempre les quedará la saludable heteronormatividad de cualquier Drácula de rebajas o esos «amigos especiales» (como dirían Anne Igartiburu) de Entrevista con el vampiro.

REC 3: GÉNESIS

Dice el refranero popular que boda lluviosa, boda dichosa. Por esa regla de tres, boda con apocalipsis zombi de por medio, boda que vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero. Con esta película, Paco Plaza dio carne de celuloide a la peor pesadilla de cualquier novia: que justo el día de su enlace nupcial, una especie de virus convierta a todos sus invitados en una horda de zombis infectados poseídos y mande la boda al garete. Porque menuda papeleta va a ser enseñar el vídeo de la boda a la prima Saray, que no pudo venir, la pobre… Afortunadamente, la novia interpretada por Leticia Dolera ya había dado el «sí, quiero» horas antes de que todo estallara. Pero da igual, porque el problema es otro: durante más de media película, nos queda la angustiosa duda de si logrará reencontrarse con su amado, de quien la caótica situación la ha separado. Y tratándose de Diego Martin, no nos extraña que Leticia mueva cielo y tierra para reencontrarse con él. Sin duda, la propuesta más épica y clásicamente romántica, casi operística, de nuestro listado.

VALENTINE

Si The Loved Ones (y Meg Ryan) nos alertaban de lo mal que llevan el rechazo algunas, hay que reconocer que ambas se quedan en cándidas aprendices al compararlas con el asesino de Valentine. Lo bueno de esta subestimadísima película perteneciente al subgénero del slasher romántico es que tanto el Día de San Valentín como el amor/desamor son componentes indispensables en la historia. Sin ellos, ni se entiende ni tiene razón de ser lo que nos están contando. No ocurre como con el asesino de My Bloody Valentine, que si mataba en San Valentín era por razones meramente circunstanciales: su desgracia personal (que per se, poco tenía que ver con asuntos del corazón) podría haber ocurrido durante cualquier otra festividad, y la película habría sido la misma pero con otro título, como por ejemplo My Bloody Fallas de Valencia. En cambio, el asesino de Valentine lleva arrastrando su rencor amoroso desde antes de la adolescencia (ríete tú de Antonia Dell’Atte), debido a un desagradable episodio ocurrido justo el Día de San Valentín. Así que ya siendo adulto (si podemos llamar «adulto» a alguien tan amargado y resentido como para ponerse una careta de querubín antes de asesinar), opta por amargarles tan señalada fecha a las tronistas que le hicieron la vida imposible en su momento. Una por una. Porque, según él, es culpa de ellas y solo de ellas que haya quedado más sonado que una campana (sí, hijo, sí, lo que tú digas…).

BRIDE OF CHUCKY

Y de una cinta subestimada a otra. La novia de Chucky no solo me parece la mejor de la serie dedicada al muñeco diabólico, sino también una de las películas de terror («terror») más románticas que existen. ¿Que exagero? Eso decídselo al personaje interpretado por Jennifer Tilly, cuando con el aliento contenido le confiesa a su novio: «Puedo matar a quien sea, pero para acostarme tengo que estar enamorada». Si eso no es una declaración de amor con el cuore en la mano, que suba Lucifer y lo vea. De hecho, resulta irónico que el título de este filme dirigido por Ronny Yu haga eco del clásico La novia de Frankenstein, cuando en realidad el enfoque de ambas sobre las relaciones de pareja no podría ser más opuesto. En la cinta de Whale, la Novia es un putón por encargo que le confeccionan al Monstruo porque «no es bueno que el hombre esté solo» (que ya me dirás tú, pero yo no veo que eso sea amor ni sea nada… si acaso es puro proxenetismo, como en Pretty Woman). La cinta de Yu, por su parte, nos da una valiosa lección sobre la vida en pareja: aunque a veces parezcáis La guerra de los Rose y os hayáis convertido en sendos muñecos de plástico, eso no tiene la menor relevancia si de verdad os queréis y lo pasáis bien juntos. A fin de cuentas, lo importante es aceptaros como sois y disfrutar de esas cositas en común que no son sino la sal de la pareja: el humor negro, el hardcore, el satanismo, los asesinatos en serie… Y creedme, es una lección más válida y adulta que las que nos dan las filmografías completas de Kate Hudson y Renée Zellweger sumadas.

0
0