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El ruido del castillo de naipes

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por Pere Solà Gimferrer

La compra de House of Cards fue una buena estrategia de comunicación para llamar la atención de la industria, los medios y la sociedad, que estaban preparándose para hablar del supuesto cambio. Los dos primeros episodios los había dirigido David Fincher, él mismo la producía con habituales de sus películas, la desarrollaba Beau Willimon (autor de la otra en la que se basó Los Idus de Marzo) y su intérprete principal era Kevin Spacey, ganador de dos Oscars. Si encima era una serie política sobre los entresijos de un congresista con ganas de vengarse del Presidente de los Estados Unidos, que no le había otorgado la silla que le correspondía, tenía todos los ingredientes para ser una critical darling y picar la curiosidad a los amantes del buen cine y de la buena televisión.

Cualquier alteración en el mercado audiovisual siempre saca a la luz los posibles nuevos caminos para salir de la crisis o, por lo menos, adaptarse a los nuevos tiempos. Hace años que los americanos son conscientes de los cambios en el consumo de audiovisual, pues muchas veces un tercio de los espectadores ven sus series días después de la emisión original mediante sistemas de grabación, y las plataformas de contenidos sí prosperan entre el público (no como en España donde son anecdóticas). Por esto, cuando la adaptación americana de House of Cards fue adquirida por Netflix en lugar de un canal de cable premium como la HBO*, que también estaba interesada, se pasó a hablar de como podía ser el inicio de algo, de una nueva era donde los contenidos (especialmente las series) ya no vendrían de la mano de la televisión. Un camino que tiene previsto continuar con la cuarta temporada de Arrested Development, pendiente de estreno también en Netflix.

Más allá de si es buena televisión (paradójicamente no emitida en TV), cuando llegó la hora del estreno una de las decisiones más comentadas fue que Netflix optó por poner toda la primera temporada de forma simultánea a disposición de sus usuarios. Trece episodios que hubieran tardado tres meses en emitirse en un canal convencional y que costaron buena parte de los cien millones de dólares que pagó Netflix (que incluían una segunda temporada que está asegurada). Vamos, que de repente los episodios solamente eran unidades para la organización de tramas por parte de los guionistas, pues un relato de trece horas sería inabarcable, y por parte de los espectadores sólo servirían como sugerencia para racionarse el relato.

Esta innovadora propuesta instigó todavía más artículos en los periódicos, blogs y revistas americanas que iban más allá de Fincher, Spacey y si la ficción valía la pena. Se preguntaban como se podría comentar House of Cards si no había una pauta única o por lo menos relativa. De hecho, las series de éxito actuales se caracterizan porque su público se esfuerza a verlas en el momento adecuado para no perderse el debate del día posterior, ya sea en la blogosfera o mientras toman el café en el puesto de trabajo. Esta es la clave de The Walking Dead, Breaking Bad, Scandal o Sons of Anarchy. Y esto el proyecto de Media Rights Capital no lo puede tener.

En Netflix, por si acaso, se curaron en salud y avisaron antes del estreno que no harían públicas las estadísticas de consumo de su serie propia. El objetivo, en realidad, era competir con las otras plataformas de contenidos, dirigir las miradas hacia sí misma y dejar claro que también contribuía a la televisión de calidad con programas propios, incentivando lealtad por parte de los suscriptores. Pero, si por un segundo pensamos en House of Cards como una serie y punto, puede que no haya despertado el furor que hubieran querido.

Hay críticos que huelen demasiada arrogancia en la propuesta (el personaje de Kevin Spacey habla a cámara, lo cual siempre es arriesgado) pero en general ha tenido opiniones positivas. El problema es que la decisión de ofrecer todos los episodios a la vez ha impedido crear buzz y un seguimiento popular y simultáneo. No puede haber artículos al día siguiente de verse, no hay esa necesidad de ser comentada. Fue una buena declaración de intenciones de como la industria audiovisual y la distribución de contenidos está cambiando y como al público le gustan los atracones. Pero el público todavía disfruta con las expectativas y con la cháchara, y buena parte de las series dependen de estas variables para seguir siendo vistas. En esta era de visionados dispares y personalizados, el ruido mediático prologando ayuda a captar nuevos consumidores.

Y House of Cards habrá suscitado muchas columnas de opinión y también reportajes (y algunas dudas existenciales en los directivos de los canales de televisión), pero no siento que trascienda como ficción. No se habla del plan del congresista Frank Underwood pero sí del affair del Presidente Fitzgerald Grant de Scandal. Paradójicamente, una buena estrategia de comunicación por parte de Netflix habrá sido todo lo contrario para la serie que promociona. Aunque puede que en realidad House of Cards nunca tuviera importancia. La cuestión era decir alto y claro que algo estaba aconteciendo.

*La HBO, que conste, también ejerce de plataforma de difusión de sus contenidos. Ofrece múltiples reposiciones y tiene un práctico sistema de consumo de sus series y programas, ya sea permitiendo la grabación, con la televisión a la carta (HBO on Demand) y el visionado vía web (HBO GO). Y sopesan el éxito de sus programas con todas estas variables, pues lo importante es el interés de sus abonados y no la audiencia inicial del primer pase.

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  • FERNANDO ARRIAGA

    A mi me ha gustado mucho la serie, y de hecho me la he ventilado en un mes y me he quedado con ganas de mas. Pero lo que es cierto es que la estrategia seguida hace que tenga menos ruido a lo largo de la temporada, ya que escribir sin saber a la altura de la serie que va la gente tiene que ser mas complicado. Lo que puede que haya hecho que después del piloto se haya quedado un poco olvidada. Aun así no se si el tipo de serie que es hubiera dado mucho de que hablar, supongo que lo podremos descubrir si cambian el modo de distribución para la segunda temporada.

  • http://twitter.com/CriticoEnSerie Pere Solà Gimferrer

    También está el factor que muchos críticos debieron ver la serie en un par de semanas y, si se hubiera visto de forma convencional, tres meses después todavía estarían hablando de ella. Sea como sea, tampoco creo que haya gustado tanto entre la crítica oficial. Pero yo mejor no opino demasiado que aún tengo que ponerme con el tercer episodio.